Es fácil olvidarse de lo asombrosas que son las vacunas, en especial cuando las enfermedades más agresivas se han convertido casi en un recuerdo lejano.

Hemos asistido a la erradicación de la viruela y a la desaparición del poliovirus salvaje endémico en todos los países menos tres; entre 2002 y 2013, la cobertura de la inmunización sistemática, como las vacunas contra la difteria, el tétanos y la tos ferina (DPT), se ha incrementado desde el 73% a un 84%. Más de 200 años después de que Edward Jenner comenzara su labor pionera, las vacunas continúan siendo uno de los medios más eficaces, innovadores y rentables de salvar las vidas infantiles.

Sin embargo, pese a que toda la infancia tiene derecho a beneficiarse de estas innovaciones, cerca de un 20% de los niños y niñas menores de 1 año siguen sin recibir el programa básico de vacunación completo, y menos del 5% están inmunizados con los 11 antígenos que la Organización Mundial de la Salud recomienda para la infancia. Sólo en 2008, murieron 1,5 millones de niños por causa de enfermedades que pueden prevenirse con vacunas. Aún queda mucho por hacer.

Los científicos que trabajan en la creación y mejora de vacunas innovan constantemente, y también nosotros debemos continuar innovando más allá del laboratorio a fin de que estas vacunas lleguen a todos los niños y niñas que las necesitan. Debemos encontrar nuevos mecanismos para la financiación de la salud mundial que complementen no sólo la asistencia tradicional para el desarrollo –que debe mejorar en eficiencia y eficacia– sino también los sobrecargados presupuestos de los gobiernos. Además, si queremos llegar a los 22 millones de niños y niñas que aún no están inmunizados, será preciso idear enfoques creativos para la provisión de las vacunas que aprovechen las nuevas tecnologías, mejorar la información y perfeccionar y optimizar las cadenas de suministro.

Un niño recibe una vacuna en la República Popular Democrática de Corea.Foto cortesía de Gavi

En comparación con sus versiones más antiguas, las vacunas modernas suelen emplear tecnologías avanzadas y procesos innovadores y complejos que las hacen más eficaces. A menudo combinan múltiples antígenos que protegen contra más de una enfermedad, como es el caso de las vacunas pentavalentes “cinco en una”, que combinan a la vez vacunas DPT con las vacunas contra la hepatitis B y contra el Haemophilus influenzae de tipo B. También existen otras vacunas que combinan diversos serotipos, como las vacunas antineumocócicas, capaces de combatir nada menos que 13 de los tipos de bacterias más comunes que ocasionan el 70% de los casos de enfermedad neumocócica infantil en África.

Además del uso de adyuvantes –algunos de ellos se añaden a las vacunas desde hace décadas y otros, formulados recientemente, ayudan a estimular la respuesta inmune–, en la actualidad hay una serie de vacunas que emplean un sofisticado proceso denominado conjugación, por el que se fortalece la respuesta inmune a vacunas inactivas o de microorganismos muertos. Este proceso consiste en la unión de uno o más antígenos con una proteína, lo que contribuye a desencadenar una respuesta inmune más amplia y potente. La conjugación es especialmente útil para los bebés, cuyo sistema inmune, al no estar desarrollado, presenta por lo general una respuesta menor a este tipo de vacunas.

Estos avances en la tecnología para la producción de vacunas pueden comportar costes elevados. Las nuevas vacunas siempre son caras, y es posible que tenga que transcurrir una década o más antes de que los precios desciendan a niveles asequibles para los países pobres, que son los que habitualmente más las necesitan.

En su colaboración con aliados como la División de Suministros de UNICEF, Gavi ha empleado un modelo empresarial público-privado para ayudar a incrementar el suministro de nuevas vacunas y al mismo tiempo reducir sus precios. Gracias en parte a estos esfuerzos ha sido posible reducir el precio total de inmunizar a un niño con vacunas pentavalentes, antineumocócicas y contra el rotavirus –para la prevención de la difteria, el tétanos, la tos ferina, la hepatitis B, el haemophilus influenzae de tipo B, la neumonía y la diarrea– de 35 dólares en 2010 al precio actual de 22 dólares (y ésta es una combinación que cuesta cientos de dólares en el mundo industrializado). En la actualidad nos servimos de tres métodos innovadores de financiación que hacen esto posible y que nos permiten subvencionar la compra de vacunas para los países más pobres:

Un vacunador con una familia en Pakistán.
La poliomielitis sigue siendo endémica en Afganistán, Nigeria y Pakistán.Foto cortesía de Gavi

El Servicio Financiero Internacional para la Inmunización (IFFIm) consiste en emplear los compromisos financieros de nueve gobiernos como activos de garantía en la emisión de bonos de inmunización a los inversores. El dinero recaudado proporciona fondos que están inmediatamente a disposición de Gavi, mientras que a los inversores se les reembolsa con fondos procedentes de los compromisos, siguiendo un calendario. Así pues, el dinero circula en el tiempo, y confiere a Gavi la flexibilidad y la previsibilidad económicas que precisa para poder aplicar los recursos con miras a lograr la máxima repercusión en la salud pública.

Los bonos de inmunización se han hecho muy populares entre inversores institucionales e individuales, dado que reportan beneficios comerciales al tiempo que se realiza una inversión socialmente responsable. El bono de inmunización más reciente permitió recaudar 700 millones de dólares. El IFFIm, junto con el Banco Mundial como su gestor de tesorería, han transformado Gavi, contribuyendo a que casi se duplique su ayuda financiera a los países.

El compromiso anticipado de mercado permite financiar y abastecer vacunas asequibles para la prevención de la enfermedad neumocócica, principal causante de la neumonía, la enfermedad que más muertes ocasiona entre menores de 5 años. Esta vacuna era tan cara que los países pobres no podían adquirirla.

Pero no hay ningún motivo por el que estas vacunas nuevas y eficaces no puedan introducirse simultáneamente en los países desarrollados y en los países en desarrollo. En el caso de la vacuna antineumocócica, la solución ha sido el compromiso anticipado de mercado, una fórmula por la que se incentiva a los fabricantes con 1.500 millones de dólares en compromisos de donantes, garantizando la adquisición de grandes cantidades a cambio de un precio reducido. Gavi y sus aliados de países han pagado un importe máximo de 3,50 dólares por cada dosis, y en 2013 pactaron un nuevo precio aún más bajo de 3,30 dólares por dosis a partir de 2014. Gracias al compromiso anticipado de mercado, 42 países en desarrollo han comenzado a utilizar la vacuna antineumocócica desde septiembre de 2014, y 15 más han obtenido aprobación.

Gavi ha logrado asimismo reducir el precio de la vacuna contra el rotavirus. Esta vacuna protege de la diarrea, un trastorno que es tan letal para los niños y niñas pequeños como la neumonía. En 2012 comenzamos a comprar vacunas contra el rotavirus al precio de 2,50 dólares por dosis, que representa una reducción de dos terceras partes en comparación con el precio anterior más bajo obtenido por Gavi. La compra de esta vacuna, y de más de media docena de vacunas más, es posible en parte gracias a las subvenciones del IFFIm y del Gavi Matching Fund.

En el marco del Gavi Matching Fund, el Gobierno de Reino Unido y la Fundación Bill y Melinda Gates se comprometieron a aportar 130 millones de dólares (en libras y dólares) a modo de subvención de desafío al sector privado, para igualar las aportaciones de empresas, fundaciones, y sus clientes, empleados y aliados. Este mecanismo se emplea con el propósito de atraer la ayuda técnica especializada que la Alianza tanto necesita como complemento a su labor. Hasta septiembre de 2014, Gavi había recaudado por medio del Gavi Matching Fund más de 222 millones de dólares en aportaciones de 12 aliados del sector privado.

Gavi no es la única que emplea medios de financiación innovadores. Por ejemplo, el mecanismo internacional de compra de medicamentos (UNITAID) obtiene financiación por medio de un gravamen que nueve gobiernos aplican a los billetes de avión. El Fondo Mundial de lucha contra el SIDA y el paludismo recibe apoyo de la alianza (RED), en virtud de la cual las empresas aportan una parte de los beneficios que obtienen de la venta de productos de la marca (RED). La iniciativa (RED), una idea original de Bono y de Bobby Shriver, colabora con marcas conocidas y organizaciones para crear productos y servicios de la marca (RED) que con su compra generan donaciones para el Fondo Mundial por parte de las empresas.

En lo que atañe al futuro, también estamos estudiando la forma de innovar la provisión de las vacunas y de ampliar las cadenas de suministro de modo que nos permitan llevar la inmunización a aquellos niños a los que es más difícil llegar. Este cometido implica el uso de simulaciones informáticas muy eficaces para la mejora y la optimización del diseño de las cadenas de suministro. Y junto con nuestro aliado Vodafone, estamos explorando el modo de emplear los teléfonos móviles para ayudar a mejorar los servicios de divulgación y la recopilación de datos. Un mecanismo de retroinformación en la cadena de suministro, que permita conocer en tiempo real el nivel de existencias en localidades remotas, contribuiría a prevenir desabastecimientos innecesarios y a asegurar que haya vacunas suficientes cuando las familias acudan a inmunizar a su progenie. Entretanto, esta tecnología permitirá también a los trabajadores sanitarios sobre el terreno consultar los historiales médicos y programar citas desde sus teléfonos móviles. Incluso pueden enviar mensajes de texto automatizados para recordar a los progenitores cuándo deben llevar a sus hijos a vacunar.

La innovación ha desempeñado hasta ahora un papel primordial en el trabajo de Gavi, y esperamos que nos ayude a asegurar un futuro saludable para toda una generación de niños y niñas que viven en países de bajos ingresos.