Los estudios indican que las intervenciones tecnológicas en los países en desarrollo pueden afectar al crecimiento académico de los estudiantes, pero que muchos programas tecnológicos, especialmente los que actúan a gran escala, no suelen dar resultados.

La razón fundamental de su fracaso es la deficiente planificación. Las iniciativas tecnológicas deben diseñarse con cuidado para garantizar que estas poderosas herramientas conecten con el método de enseñanza de los profesores y el aprendizaje de los estudiantes en cada contexto educativo y lo mejoren. También se debe tener presente el contexto local, teniendo en cuenta la infraestructura y las aptitudes requeridas para hacer funcionar las tecnologías. El completo ecosistema tecnológico descrito abajo será más viable en contextos que dispongan de electricidad fiable, acceso a Internet, profesores adiestrados en el uso de la tecnología, y recursos suficientes para abarcar lo básico. Pero los diseñadores de programas y responsables políticos que trabajen en otros contextos deberían tener en cuenta qué componentes del ecosistema respaldarán mejor sus objetivos educativos.

La tecnología es solo una pequeña parte del éxito de una transformación educativa.

El éxito de los proyectos de aprendizaje electrónico requiere cambios en las políticas, nuevos recursos educativos y una constante preparación y apoyo de los educadores, elementos en los que se sustenta el beneficio educativo. Sin embargo, es fundamental llegar a la tecnología de forma adecuada para hacer posible la transformación deseada en la docencia y el aprendizaje. Aunque hoy en día el debate sobre el aprendizaje individual sugiere que la base es “un aparato para cada alumno”, la atención no debería ponerse en un solo dispositivo tecnológico, sino más bien en cómo usar múltiples tecnologías para alcanzar los objetivos más importantes en la mejora de las prácticas docentes, el acceso a recursos educativos y, finalmente, en qué y cómo aprenden los estudiantes.

“La tecnología es solo una pequeña parte del éxito de una transformación educativa.”

Si uno de los objetivos es mejorar la enseñanza y el aprendizaje en las aulas, las computadoras se convierten en herramientas de estudio mucho más poderosas cuando están incorporados a un “ecosistema” que usa la tecnología para superar otros retos a menudo presentes en escuelas de países en desarrollo de ingreso medio. Estos retos incluyen la falta de recursos educativos, la formación mínima de los profesores, o su aislamiento de otros educadores y de nuevas ideas. Desde mi punto de vista, hay cinco componentes que sirven de base a un sistema tecnológico que pueda respaldar el aprendizaje. Los diseñadores de programas deberían considerar cuál de estos sería el más importante para el contexto educativo en el que trabajan. Dichos componentes son: el acceso de niñas y niños a los dispositivos; la disponibilidad de pizarras interactivas (también llamadas digitales o IWBs en sus siglas en inglés) o proyectores; acceso a Internet; y la existencia entornos de aprendizaje virtual o de sistemas de gestión del aprendizaje.

Cada componente favorece los diferentes tipos de cambios en la docencia y el aprendizaje. Su coste y otros factores puede que limiten las posibilidades de los programas respecto a cualquiera de estos componentes, de ahí que sea importante identificar los objetivos educativos de una iniciativa de enseñanza virtual y los componentes más pertinentes en cada contexto. Los países tal vez saldrían beneficiados si invirtieran un poco en cada componente en vez de centrarse únicamente en uno de ellos. Una fuerte inversión en un solo componente puede infrautilizarse si no existen otros; por ejemplo, entregar a cada niña o niño computadoras portátiles sin conexión a Internet puede resultar menos efectivo que disponer de equipos en la clase con conexión, o simplemente de aparatos del profesor con acceso a sólidos recursos educativos para la preparación y planificación de las clases. Los diseñadores de programas deberían tener muy en cuenta en qué componentes centrar su atención y en qué grado.

El primer componente es facilitar a los estudiantes el acceso a las computadoras, ya que les abre nuevas oportunidades y les cambia el modo de relacionarse con el contenido. Los estudiantes pueden acceder a la información; participar en actividades interactivas; usar recursos de multimedia; comunicarse con sus compañeros, profesores, madres o padres, o con el resto de la comunidad; y crear productos y artefactos que reproduzcan lo que aprenden y hacen.

Disponer de acceso a una información que vaya más allá de los libros de texto permite a los estudiantes explorar y comprometerse de forma más activa con el contenido. Un ejemplo sería el de una profesora de estudios sociales turca quien, para ilustrar una clase, escoge la escena de una obra histórica en la que los líderes del Imperio Otomano debaten si deben o no ir a la guerra. En el laboratorio informático, los estudiantes buscan en Internet el contexto y las motivaciones de cada personaje y, al igual que los personajes de la obra, analizan y debaten la trascendencia de los razonamientos de cada personaje.

El acceso de los niños a las computadoras significa disponer de ellas, o de tabletas o aparatos similares para cuando los necesiten. Este componente es sin duda el más caro; pero los estudiantes no necesitan tener su propio dispositivo, y compartir los aparatos puede ser igualmente efectivo. No obstante, los estudiantes deben poder encontrar su trabajo, notas y materiales siempre que lo necesiten, lo que resulta más sencillo de hacer con nuevas soluciones de la red (ver abajo). Esto se puede conseguir en una computadora personal, en los equipos de las aulas o en otros dispositivos compartidos.

El segundo componente a tener en cuenta son los aparatos del profesor. Por supuesto, los profesores pueden compartir sus dispositivos, aunque dada su importancia en el sistema educativo creo que deberían tener los suyos propios si de ellos se espera que preparen y entreguen material sobre tecnologías de información y comunicación (TIC), examinen y puntúen los productos de tecnología de los estudiantes, o utilicen la tecnología para tareas administrativas. Las TIC pueden cambiar la vida profesional de los docentes de múltiples maneras y mejorar el estudio en las aulas. La tecnología también alivia la carga administrativa de los profesores, les ayuda a facilitar la logística en el aula y les permite hacer un seguimiento individual del alumno y disponer de más tiempo para trabajar con los estudiantes. Para aquellos profesores de escuelas sin biblioteca y con pocos recursos económicos, una computadora les permite encontrar nuevos recursos y actividades para sus estudiantes por medio de Internet. Por ejemplo, un profesor de primaria en la Argentina puede hallar en la red historias que tengan relación con las vidas de los estudiantes que viven en el campo, a diferencia de los textos gubernamentales basados en la vida de las ciudades. Los profesores pueden asimismo encontrar recursos más innovadores; un profesor de ciencias con el que hablé en la República Srpska tradujo para sus alumnos las aplicaciones de aprendizaje interactivo de física de la Universidad de Colorado.

El tercer componente importante de un sólido ecosistema de TIC dirigido al aprendizaje es la pizarra interactiva o el proyector para compartir información con toda la clase. A pesar de existir muchos programas para promocionar un aprendizaje más centrado en el alumno, mi experiencia me dice que buena parte de la enseñanza en países en desarrollo (o ya desarrollados) se basa aún en actividades que implican a toda la clase. Las pantallas interactivas o los proyectores ayudan a aprovechar plenamente la hora lectiva, con características tales como la posibilidad de cambiar o quitar rápidamente el contenido mostrado, y usar recursos multimedia o interactivos (textos, videos, dibujos, simulaciones, aplicaciones, etc.) Por ejemplo, en la India vimos a un profesor utilizar vídeos de ríos y regadíos y visualizaciones de la evaporación para explicar el ciclo del agua.

Bridge IT (una iniciativa global del PNUD, la Fundación Pearson y Nokia) ofrece ejemplos interesantes de cómo dos de estos componentes pueden ir juntos sin una computadora completa y sin embargo enriquecer las condiciones de aprendizaje. A través del programa, los profesores de Tanzanía acceden a los recursos digitales en los teléfonos inteligentes que luego, conectados a un proyector, utilizan con los alumnos. Cuando los aparatos de los profesores son menos potentes, estos se combinan con la capacidad de acceso a recursos de la web en caso necesario y a un proyector para ayudar a los profesores de un modo que ninguno de estos componentes haría por sí mismo.

A juzgar por muchos de los ejemplos mostrados arriba, está claro que Internet es un componente vital. Tener acceso a la enorme cantidad de información disponible en Internet puede cambiar las vidas de profesores, estudiantes y familias. El acceso a Internet, al menos en las escuelas, es esencial para hacer viables los otros componentes del ecosistema tecnológico. El acceso constante a Internet es ideal, pero caro; por eso, las estrategias con las que acceder a Internet, aunque sea de forma limitada, permiten al menos a profesores y estudiantes descargarse nuevas materias o comunicarse con otros. Por ejemplo, las escuelas que se encuentran dentro del alcance de una red de telefonía móvil pueden usar los móviles o los Wi-Fi de recepción inalámbrica para facilitar la entrada cuando haga falta. Sin el acceso a la amplia variedad de recursos e información de Internet, el valor educativo de una computadora o una pizarra interactiva está seriamente comprometido.

El quinto y último componente es el entorno de aprendizaje virtual o sistema de gestión del aprendizaje que ayuda a facilitar la comunicación y el intercambio entre todas las partes interesadas (profesores, padres y estudiantes). Este componente crea un espacio virtual controlado para la comunidad escolar en el que los administradores, profesores, estudiantes y progenitores pueden acceder a recursos, guardar sus trabajos y proyectos, compartir y comunicarse. También es un sitio de almacenamiento compartido donde alumnos y profesores pueden encontrar sus trabajos sobre el entorno de aprendizaje virtual desde cualquier dispositivo. Esto permite que las computadoras compartidas sirvan de ayuda a todos los estudiantes, ya que no necesitan tener un aparato propio para seguirle la pista a su trabajo. Un entorno de aprendizaje virtual no siempre requiere Internet, pero hay otras estrategias; por ejemplo, la red inalámbrica crea una red local que conecta dispositivos que hay en una escuela a otras que no tienen internet. Es el caso de una escuela que visité a las afueras de Banja Luka, Bosnia, que al no tener conexión a Internet usaban una red inalámbrica incorporada en sus Classmate PCs para compartir recursos con los estudiantes. El profesor los descarga en su portátil en un café internet y los distribuye a sus estudiantes al llegar a clase; su portátil actúa como centro de la red. Los entornos de aprendizaje virtual, además de ofrecer considerables mejoras logísticas que permiten a profesores y alumnos dedicar más tiempo a sus tareas educativas, también facilitan la labor del profesor a la hora de ayudar individualmente a los estudiantes en diferentes tipos de trabajos según sus necesidades.

En el caso de iniciativas de aprendizaje virtual que no pueden permitirse todos los componentes, es importante pensar detenidamente qué aspectos del ecosistema de aprendizaje virtual serán más beneficiosos considerando el contexto y las necesidades locales. Especialmente para aquellos gobiernos que plantean iniciativas personalizadas, puede que sea de más utilidad desviar los recursos utilizados en la compra de aparatos para cada niño y redirigir algunos de dichos recursos para desarrollar un ecosistema de aprendizaje más rico y operativo en los dispositivos del profesor. Las iniciativas tecnológicas son caras, demasiado caras para permitir que fallen por falta de planificación.