La mayoría de los padres y madres saben lo que es llegar a casa cansados después del trabajo y sentirse transformados por el simple hecho de oír la risa de sus hijos.

Es una experiencia sencilla pero llena de emoción. Por desgracia, hay familias en las que rara vez se oye la risa de un niño. Y en situaciones más complejas, puede que los progenitores ni siquiera recuerden cuándo fue la última vez que jugaron con sus hijos.

Los juegos desempeñan una función importante en el desarrollo de la infancia. Jugando, los niños y niñas adquieren muchas habilidades; por ejemplo, aprenden a relacionarse con los demás, aprenden sobre sí mismos, y cultivan otras destrezas que a menudo definen su personalidad como adultos.

Los niños y niñas discapacitados, sin embargo, no suelen sentirse atraídos por los juguetes tradicionales, o los utilizan de un modo que los adultos consideran incorrecto. Por ejemplo, un niño discapacitado tal vez tome un coche de juguete y lo golpee contra una mesa para ver qué ruido hace. Con frecuencia, los progenitores o los cuidadores intentan “corregir” esta actitud o le retiran el juguete al niño por completo, y éste, como consecuencia, a menudo pierde el interés o rechaza jugar con los demás.

Giorgi Demetrashvili, el director de programas educativos de First Step Georgia, trabaja con niños y niñas discapacitados enseñándoles a hacer juguetes a partir de materiales caseros de bajo coste, como esta pelota hecha con trapos de limpieza de colores. | © UNICEF/NYHQ2014-1871/Khizanishvili Levan Chargeishvili, de 9 años, emplea un libro hecho a mano y diseñado especialmente, que estimula el aprendizaje visual y táctil. Nika Tsirekidze, de 18 años, juega con un reloj de arena casero, lleno de jabón, que facilita la estimulación visual y ayuda a mejorar la coordinación de ojos y manos. Tekle Kikacheishvili fabrica plastilina casera con harina, sal, agua y pintura. Este juguete ayuda a estimular las habilidades motoras, la coordinación y la percepción sensorial. Demetrashvili afirma que la participación de los niños y niñas en el proceso de fabricación de los juguetes hace que le resulte más estimulante y atrayente, y permite a los educadores hacer juguetes que respondan a las necesidades e intereses individuales de cada niño.
Giorgi Demetrashvili, el director de programas educativos de First Step Georgia, trabaja con niños y niñas discapacitados enseñándoles a hacer juguetes a partir de materiales caseros de bajo coste, como esta pelota hecha con trapos de limpieza de colores. | © UNICEF/NYHQ2014-1871/Khizanishvili

Para que los juguetes y los juegos resulten más interesantes a los niños, lo idóneo es que cada juguete se adapte a los intereses y las necesidades individuales del niño. Algo nada fácil en un país como Georgia, donde para muchas familias los juguetes son un lujo.

En First Step Georgia, trabajamos con niños y niñas discapacitados y les enseñamos a fabricar juguetes a partir de artículos del hogar que cuestan muy poco. La participación de los niños y niñas en el proceso de fabricación hace que les resulten más estimulantes e interesantes, además de que nos permite fabricar juguetes que respondan a las necesidades individuales de cada uno.

Por ejemplo, fabricamos unos cubos blandos con trapos de limpieza de colores. A continuación, los cubos se llenan con pequeñas pelotas de poliestireno. La fabricación de este juguete permite a los niños mejorar la coordinación de las manos y los ojos, y afinar sus habilidades visuales y auditivas. Con una pelota diseñada especialmente, hecha con los mismos trapos, mejoran su percepción táctil y visual. Y nuestra plastilina casera, hecha con harina, sal, agua y pintura, contribuye a estimular sus habilidades motoras, la coordinación y la percepción sensorial. No sólo es divertido jugar con estos juguetes, sino que también hacerlos es divertido.

Hacer juguetes caseros no es una idea nueva, pero lo nuevo es nuestra perspectiva. Cada niño tiene intereses individuales, y, en el caso de los niños discapacitados, al determinar cuáles son estos intereses podemos organizar las actividades correspondientes que contribuyan a su desarrollo.

Un niño con el que trabajé disfrutaba observando cómo el agua salía del grifo. Para ese niño fabricamos un juguete con jabón, pintura y dos botellas que unimos formando la estructura de un reloj de arena. Al principio, los padres, temerosos de que el niño se pasara las horas muertas mirando el agua fluir, intentaron prohibirle que utilizara el juguete. Pero les animamos a que le dejaran y a que añadieran otros colores y emplearan botellas más grandes y otros productos que pudieran fluir en el reloj de arena.

No solo el niño lo disfrutó, sino que con esta experiencia se estableció una relación de confianza entre los progenitores y el niño, y pronto comenzó a oírse el sonido de las risas.