Cuando se trataba de sus estudios, Zeinab Al Jusuf, de 11 años, era siempre la primera de su clase. Pero eso era antes de que estallara la guerra en su país natal, la República Árabe Siria.

En Beirut, Líbano, donde vive ahora refugiada con su familia, ella y sus hermanos tienen que conformarse con algunos libros de cuentos para estudiar en casa.

Más de tres años después de la crisis de Siria, muchos de los 3 millones de niños y niñas desplazados no han regresado a la escuela. Pero el especialista en innovación de UNICEF James Cranwell-Ward vio una solución en una tecnología pequeña y de bajo costo: el disco duro de una computadora, del tamaño de una tarjeta de crédito, denominado Raspberry Pi. Junto a la pantalla de una tableta y un plan de estudios en árabe elaborado por la compañía innovadora de aprendizaje electrónico Academia Khan, supo que su equipo de innovación en el Líbano podría ayudar a niños sin escolarizar como Zeinab.

“En el Reino Unido se está produciendo una revolución. Se está empoderando a los niños para que aprendan conocimientos esenciales para la vida moderna”, dice Cranwell-Ward. “Hay iniciativas, como la Fundación Raspberry Pi, que han creado una computadora de bajo costo que se puede usar para aprender y jugar. Esto se puede utilizar… para proporcionar educación no estructurada en zonas donde residen muchos niños desplazados, incluidos los campamentos de refugiados y los centros comunitarios”.

En octubre, en un centro de aprendizaje informal de Beirut, Zeinab asistió a su primera clase de Raspberry Pi con otros refugiados de entre 10 y 16 años. Ahora está aprendiendo codificación informática, escritura, aritmética básica y ciencias, y ha construido su primer juego utilizando Scratch, el lenguaje de codificación del Pi.

“Aquí podemos crear nuestros propios juegos y jugar con ellos”, dice Zeinab. “O podemos dejar que otros jueguen con ellos”.

Cranwell-Ward espera ampliar pronto el programa piloto para proporcionar enseñanza a más de 30.000 refugiados en el Líbano y en otros lugares.