Panpan ha tenido que crecer rápidamente. Su madre la abandonó cuando teníasolamente un año, y su padre trabaja en una ciudad lejana.

Panpan, que tiene 8 años, vive con su abuela y su abuelo en una aldea rural del condado de Wenxi, en la provincia de Shanxi, en el centro de China.

Cuando su abuelo cultiva sus hortalizas en el huerto, Panpan está siempre cerca para echarle una mano. El abuelo tiene muchas cosas de qué preocuparse. Dado que no recibió mucha formación, no puede enseñar a Panpan, y a veces el dinero que ganan no es suficiente para cubrir todos sus gastos.

Pero la vida se ha vuelto un poco más fácil desde que Mei Hongfang comenzó a visitarles. Mei es una mujer muy amable que vive en su aldea, a la que todos conocen como la “asistente social descalza”, aunque su título oficial es el de directora de bienestar de la infancia. Mei forma parte de una red de trabajadores sociales comunitarios, cada vez más extensa, cuyo objeto es llegar a niños y niñas como Panpan que viven en las zonas rurales de China.

Trabajadores de base

El proyecto de bienestar de la infancia se puso en marcha en 2010 en 120 aldeas de cinco provincias con el propósito de llegar a los niños y niñas afectados por el VIH/SIDA. Partiendo del mismo concepto que los “médicos descalzos”, que se hicieron famosos por llevar la atención sanitaria a las zonas rurales de China, la idea es llegar a los niños y niñas de zonas pobres y remotas de un modo eficaz y rentable.

Mei se ha convertido en un importante apoyo para Panpan y su familia. “Le lavo el pelo cuando veo que lo tiene muy sucio”, dice en un tono maternal. “Cuando el abuelo está ocupado con las tareas agrícolas y otras labores, yo me ocupo de las necesidades de la familia”.

Los directores de bienestar infantil son elegidos por medio de una prueba escrita y una entrevista. No son trabajadores sociales con capacitación plena propiamente, de los cuales hay una grave escasez en toda China, sino que constituyen un grupo de trabajadores de base que dan respuesta a las necesidades urgentes de atención y bienestar de los niños y niñas vulnerables.

Mei se cerciora de que Panpan y sus abuelos estén inscritos y puedan así percibir la prestación de más de 100 RMB mensuales (aproximadamente 16 dólares) que les asigna el gobierno. “La gente de la aldea por lo general no sabe de estas políticas y ayudas”, cuenta Mei. Los directores de bienestar reciben formación para poder supervisar el uso que se hace de este subsidio mensual, y de este modo se aseguran de que los tutores o los cuidadores lo empleen como es debido.

“La misión de los trabajadores sociales descalzos es velar por que los niños puedan beneficiarse de las políticas de bienestar infantil y de las medidas de protección social a las que tienen derecho”, explica Xu Wenqing, especialista en VIH y SIDA de la oficina de UNICEF en China. “Cuando se encuentran con casos de niños y niñas que aún no se benefician de las políticas existentes, informan a las instancias superiores”.

Desde la puesta en marcha del proyecto, Mei, que percibe unos honorarios de RMB 800 al mes (128 dólares), ha inscrito a varios niños y niñas de la zona, de edades comprendidas entre los 2 y los 18 años, que tenían derecho a percibir prestaciones. Gracias a este proyecto se ha provisto también material para la construcción de un espacio acogedor para la infancia en el que los niños puedan reunirse y jugar.

A lo largo de los últimos 30 años, China ha logrado enormes avances en lo concerniente a mejorar el nivel de vida y el bienestar de la infancia. No obstante, tomando como referencia el umbral de pobreza, fijado en 1,80 dólares por persona y día, aún hay cerca de 20 millones de niños y niñas en las zonas rurales de China que viven en la pobreza. En 2013 había 13 millones de niños sin registrar y que eran, por tanto, incapaces de beneficiarse al completo de los servicios sociales básicos.