El relativamente nuevo campo de la innovación educativa integra el pensamiento innovador en las estructuras de la educación oficial.

Ha surgido como una herramienta para mejorar la educación mediante el desbloqueo del potencial de los niños como innovadores y personas con capacidad de influir. Los talleres de innovación que estimulan el pensamiento crítico, basados en la ciencia, la tecnología, la ingeniería, las artes y las matemáticas, y dirigidos dentro de espacios educativos o de laboratorios de innovación, proporcionan a los niños un refugio seguro para aprender por medio de la elaboración, modificación y modelación.

“Creo en la innovación, si todos fuéramos innovadores podríamos hacer del mundo un lugar mejor. No importa si eres africano ni la edad que tengas. Se trata de qué puedes hacer para crear un mundo mejor”, — dice Kelvin Doe, de17 años.

Estos laboratorios de innovación, y las actividades que tienen lugar en ellos, promueven tanto el crecimiento educativo como el aprendizaje cognitivo. Como respaldo a la Convención sobre los Derechos del Niño, los laboratorios de innovación promueven el derecho a una educación de calidad para todos los niños y niñas, con independencia de su raza, género o nivel socioeconómico, al ofrecer programas educativos eficaces y de alta calidad.

Aunque se debate sobre lo que constituye “una educación de calidad”, existe un consenso sobre dos elementos esenciales: el desarrollo cognitivo y “el desarrollo creativo y emocional de los educandos; la contribución a los objetivos de paz, civismo y seguridad; la promoción de la igualdad; y la transmisión de valores culturales, tanto universales como locales, a las generaciones futuras” (UNESCO, Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo, 2005, pág. 32). Los laboratorios de innovación proporcionan ambos elementos por medio de enriquecedoras experiencias educativas.

Se ha descubierto que la constante reevaluación del propio entorno y un coherente aprendizaje activo, dos pilares importantes del currículum de los laboratorios de innovación, promueven el desarrollo cognitivo. Como un suplemento a la enseñanza tradicional, los laboratorios de innovación impulsan nuevos medios para abordar los problemas al combinar la educación tradicional con un pensamiento crítico innovador. La orientación y asesoramiento a cargo de educadores de los laboratorios de innovación estimulan el desarrollo emocional por senderos que apoyan objetivos de paz, ciudadanía y seguridad. Los educadores están instruidos para guiar, no para dar lecciones, para dejar que los alumnos tomen un papel activo en el aprendizaje y para estar preparados a aceptar los errores de los estudiantes en vez de intentar evitarlos.

Sierra Leona cuenta con una de las tasas más bajas de alfabetismo juvenil del mundo. Para mejorar esos bajos índices educativos, espacios como los del laboratorio de innovación de la Prince of Wales School de Freetown ayudan a aumentar el tiempo productivo que se dedica en el ámbito educativo a los jóvenes de ambos sexos, con especial énfasis en un aprendizaje flexible.

Dentro del contexto de los laboratorios de innovación, un aprendizaje flexible implica integrar el pensamiento crítico, evaluar la comunidad y el entorno del estudiante, e impulsar su capacidad creativa. Los mentores tienen en cuenta estas ideas al diseñar y poner en marcha el plan de estudios. Todas las actividades tienen como objetivo animar a la juventud a que explore el pensamiento creativo, accesible desde varias etapas del aprendizaje, con la esperanza de que los estudiantes abandonen los laboratorios de innovación con la competencia, confianza y aptitudes necesarias para aplicar su conocimiento a un escenario cotidiano. Desde que se abrió el laboratorio de innovación hemos visto a estudiantes que dedicaban su tiempo a crear aerogeneradores, mochilas que captan energía solar y zapatos capaces de conectar pequeños aparatos eléctricos.

Aunque todavía queda mucho por aprender, las perspectivas de los alumnos en sus comunidades y su aptitud para ayudar a otros están cambiando de manera positiva, como lo muestran las historias de muchos estudiantes.

“En todo este tiempo hemos ido creando cosas en el laboratorio, pero lo que todos nosotros necesitamos es recibir mucha ayuda… crear no quiere decir solo construir cosas sino pensar en ellas y crearlas gradualmente. Hay que hacer constar que el laboratorio representa un gran papel para nuestro talento y nuestra vida… no hay que olvidarse de que cada uno de nosotros tiene un talento” – Francis Lebbie, de15 años.

Tomemos el caso de Kadija Daramy, de 16 años. Antes de descubrir los talleres de innovación, Kadija era muy reservada, callada, sin confianza en sí misma. Por medio de la elaboración, modificación y modelación, Kadija creó una manivela eléctrica de pozo. Lo más importante fue la seguridad que le dio ver que podía impulsar un cambio en su comunidad, y se dedicó por completo al impacto que la innovación puede tener en el crecimiento personal. En la actualidad, anima a sus compañeros a que tomen parte en ejercicios de pensamiento crítico para crear una plataforma a través de la cual otros jóvenes puedan adquirir seguridad en sí mismos. Su primer taller de innovación, hace un año nada más, fue una experiencia transformadora; ahora, ella se llama a sí misma “la Einstein femenina”’.

Los talleres de innovación y los laboratorios son soluciones eficaces para desbloquear el potencial de los niños y niños como inventores. Todavía hay mucho por aprender, pero anima escuchar las historias que cuentan los jóvenes de los laboratorios y contemplar cómo influyen de manera positiva en las chicas y los chicos de su edad.