Hace casi 2.500 años, el filósofo chino Confucio aconsejó a sus alumnos “estudiar el pasado si se pretende definir el futuro”. Cuando se trata de impulsar cambios en favor de los niños y las niñas más desfavorecidos, ese consejo deja una valiosa lección: invertir en la innovación.

La innovación –nuevas soluciones para viejos problemas– propició el desarrollo de nuevas vacunas y tratamientos eficaces en función de los costos, como las sales de rehidratación oral y los suplementos de vitamina A, que ayudaron a reducir drásticamente el número anual de muertes infantiles por causas prevenibles.

La innovación –nuevas formas de pensar– determinó la aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño hace 25 años, que transformó nuestra mentalidad sobre los niños y la infancia al declarar, por primera vez, que los niños tienen los mismos derechos innatos que los adultos y que los gobiernos tienen la obligación jurídica de proteger esos derechos.

La innovación –nuevas maneras de actuar– también llevó a la formulación, en 2001, de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) –ocho objetivos que deberían cumplirse a más tardar en 2015–, que se han traducido en avances significativos hacia la reducción de la pobreza extrema, la ampliación del acceso a agua apta para el consumo y el aumento de la matriculación en la escuela primaria, entre otros importantes logros. Sin embargo, no todos los ODM se han cumplido y no todos los niños se han beneficiado.

“Hoy tenemos la posibilidad de corregir las desigualdades que privan a los niños de sus derechos y ponen en riesgo los logros mundiales en la esfera del desarrollo.”

En realidad, demasiados niños y niñas han quedado marginados, puesto que sus derechos no se han hecho efectivos y no han alcanzado su pleno potencial. Para llegar a estos niños y niñas, debemos seguir invirtiendo en innovación –nuevas herramientas, asociaciones y maneras de pensar–, permitiendo a las comunidades hallar sus propias soluciones y creando redes mundiales y locales que favorezcan la expansión de las ideas más prometedoras.

Lo anterior reviste especial importancia en la actualidad, teniendo en cuenta que el mundo está pendiente de los progresos que se realicen en materia de derechos del niño en el transcurso de los próximos 25 años, con arreglo a la Convención, y que la comunidad mundial empieza a unirse en torno a una nueva agenda de desarrollo sostenible para después de 2015. Hoy tenemos la posibilidad de corregir las desigualdades que privan a los niños de sus derechos y ponen en riesgo los logros mundiales en la esfera del desarrollo.

Por ejemplo, vimos cómo ayudó la innovación a impulsar la revolución de la supervivencia infantil en la década de 1980 y, más recientemente, cómo influyó en el esfuerzo mundial tendiente a conquistar el objetivo del ODM de reducir la mortalidad infantil en dos tercios. Imaginemos lo que supondría para un nuevo movimiento que busque poner fin a la violencia contra los niños y las niñas, un inmenso desafío a nivel mundial que sorprendentemente no formó parte de los ODM.

Un cartel del proyecto Proteja Brasil.
Una nueva aplicación móvil en el Brasil permite a los jóvenes informar sobre la violencia y el abuso, y luchar contra ellos.

La violencia contra los niños –física, psicológica y sexual– está tan extendida que afecta a todos los países y a todas las comunidades. Esta “epidemia” mundial tiene profundas repercusiones en las vidas de los niños y las niñas, y sus costos económicos son enormes. Según un estudio realizado en 2014 por el Instituto de Desarrollo de Ultramar, los costos económicos y sociales de la violencia en el mundo ascienden a 7 billones de dólares.

Abordar este problema exige que todos, como comunidad mundial, cambiemos de mentalidad y de forma de actuar. En primer lugar, debemos convertir la erradicación de la violencia contra la niñez en una prioridad pública y un objetivo fundamental de la nueva agenda para el desarrollo. En segundo lugar, debemos combatir la noción de que la violencia contra los niños es aceptable. Y, en tercer lugar, debemos propiciar la participación de las comunidades y los jóvenes en la búsqueda de soluciones para este flagelo, profundamente arraigado en muchas sociedades.

La innovación puede ser la clave para sensibilizar a la población sobre el problema mundial de la violencia contra los niños, motivando a los gobiernos, las comunidades y las familias a enfrentarlo y proporcionando a los jóvenes las herramientas que necesitan para transformar sus vidas.

Un magnífico ejemplo es Proteja Brasil, una nueva aplicación móvil por medio de la cual los jóvenes informan y combaten la violencia y el abuso. Esta aplicación, que se basa en el sistema mundial de posicionamiento, muestra números telefónicos y mapas locales con la ubicación de comisarías, organizaciones de protección y otros espacios seguros para los niños, las niñas y los adolescentes.

Los jóvenes constituyen la fuerza motriz de otras modalidades novedosas en la lucha contra la violencia. Por ejemplo, un niño estadounidense de 14 años inventó un mecanismo para rastrear episodios de ciberacoso mediante el análisis en tiempo real de mensajes en las redes sociales. La innovación también puede ser útil para hacer frente a la violencia en contextos de conflicto. Así, por ejemplo, otro joven inventor desarrolló un sistema de alerta basado en textos para advertir a los niños y a los progenitores que viven en la Franja de Gaza sobre los peligros que acechan en los alrededores de las escuelas locales.

 

Estas son apenas pequeñas soluciones para grandes problemas; no obstante, muestran el camino hacia un futuro en el que más niños y niñas puedan disfrutar de su derecho a vivir libres de violencia, abuso y temor. Debemos ampliar el alcance de estas ideas y promover nuevas formas de trabajar juntos para cumplir objetivos comunes –en todos los aspectos que afectan las vidas y el bienestar de los niños.

La redacción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible ha sido innovadora y notablemente inclusiva. En los diálogos nacionales que se han llevado a cabo en más de 100 países ha participado una gran variedad de personas y no solo los responsables de formular políticas; de hecho, también han participado quienes mayor interés tienen en el futuro: los niños y las niñas.

Ahora tenemos la posibilidad de avanzar con este espíritu y de velar por que la nueva agenda para el desarrollo incluya la innovación en beneficio de los niños –y, sobre todo, al servicio de la protección de la infancia contra la violencia y el abuso. Porque solo a través de esta nueva mentalidad y de las nuevas alianzas podremos definir un futuro en el que todos los niños y las niñas gocen de seguridad, salud, educación y la capacidad de sobreponerse a la adversidad.