La mitad de los refugiados de todo el mundo son niños y niñas menores de 18 años.

Se enfrentan a menudo a situaciones de violencia, enfermedad, malnutrición y muerte. Los adolescentes, por su parte, afrontan otros riesgos, ya que muchos son secuestrados, explotados, violados, o son víctimas de la trata o reclutados por grupos armados.

Esos peligros, así como la necesidad de abordarlos mediante una respuesta humanitaria efectiva, se tienen en cuenta en los procedimientos que buscan proporcionar protección internacional a los refugiados. Este proceso abarca todas las fases desde su llegada: la recepción, el registro, la determinación del estatuto de refugiado y, por último, la búsqueda de una solución duradera. Sin embargo, el modo de llevar a cabo estos procedimientos no siempre se traduce en una atención adecuada para los niños, ya que su grado de exposición y sus experiencias, percepciones y formas de expresarse son muy distintas a las de los adultos. Una serie de factores –como, por ejemplo, los entornos elegidos para realizar las entrevistas de protección con el fin de realizar la inscripción y determinar el estatuto de refugiado, el enfoque oficial y el estilo de las entrevistas– pueden constituir un obstáculo para los niños cuando tratan de compartir sus preocupaciones sobre su propia protección.

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), una mayor participación de los niños y niñas refugiados podría ser beneficioso a la hora de orientar los esfuerzos para protegerlos.

Entre febrero y junio de 2012, trabajé con niños y niñas refugiados en el Asentamiento de Refugiados de Kyaka II (Uganda) para llevar a cabo una investigación empírica que tenía por objeto identificar la experiencia de cada niño durante el proceso de protección para refugiados, así como analizar cuáles eran sus ideas para lograr cambios. La investigación estaba financiada por el ACNUR y por el Fondo de Innovación Humanitaria, y se llevó a cabo como parte de una tesis posdoctoral en el Centro para la Investigación de Políticas Migratorias de la Universidad de Swansea. El objetivo era elaborar un proceso de protección para niños refugiados que se adaptara mejor a sus necesidades. Más de 300 niños y niñas refugiados de entre 6 y 16 años participaron en los talleres que se organizaron como parte de la investigación. En estos talleres participativos, que se basaban en la realización de actividades, se emplearon métodos adaptados a las necesidades infantiles entre los que se incluyeron el dibujo, los juegos de rol, las  marionetas y otros juegos.

Durante los talleres, los niños señalaban los obstáculos a los que debían enfrentarse durante los procesos de protección para refugiados: los entornos, los métodos y los enfoques que les resultaban inaccesibles. Los niños y niñas refugiados hablaron sobre las dificultades que encontraban a su llegada al asentamiento y durante su estancia en el Centro de Recepción. Esas dificultades, junto con una falta de información y de apoyo en un entorno poco familiar, les suponían una traba para compartir sus visiones y preocupaciones. En cuanto a las entrevistas sobre protección realizadas para el registro y la determinación de la condición de refugiado, los niños explicaban que habían sufrido dificultades físicas ocasionadas por la distancia recorrida, el hambre o los retrasos durante el trayecto. Una vez que lograban llegar a la entrevista, les costaba trabajo responder por la forma en que algunos entrevistadores o intérpretes se dirigían a ellos: su uso del lenguaje, el tono de las preguntas y, en general, la actitud y la forma de acercarse a ellos.

Con la finalidad de solucionar esos inconvenientes, los niños inventaron ideas y soluciones para satisfacer sus necesidades de protección, así como las de otros niños y niñas. Entre otras sugerencias, los niños propusieron que los propios alumnos de las escuelas del asentamiento brindaran apoyo a otros niños recién llegados; que se colgara un cartel en el Centro de Recepción que explicara, mediante un lenguaje comprensible, los procedimientos que se llevarían a cabo a su llegada; que se ofreciera la posibilidad de jugar durante la espera para las entrevistas; y que se seleccionara a entrevistadores que abordaran las preocupaciones de los niños con urgencia y les dieran el tiempo suficiente para compartir sus visiones y preocupaciones.

Las sugerencias de los niños sirven de ayuda para diseñar un método mejor adaptado a sus necesidades para el proceso de protección de refugiados. Aunque los objetivos de los procedimientos no cambian, sí se modifica la forma en que se llevan a cabo, de manera que todo lo que se extrae de esas sugerencias debe analizarse para ponerlo en práctica y lograr un cambio. Las conclusiones de la investigación empírica llevada a cabo en Kyaka II se han redactado como una Nota Orientativa del ACNUR sobre los procedimientos adaptados a las necesidades de los niños, y se pondrá en circulación a escala mundial y en toda la organización. Las presentaciones se han distribuido también a otras organizaciones de protección distintas al ACNUR, por ejemplo, a las organizaciones que forman parte del Grupo de Trabajo sobre la Protección de la Infancia.

En un contexto en el que, por lo general, los niños representan la mayoría de la población de refugiados, no puede haber lugar para un proceso de protección de refugiados que no atienda a sus preocupaciones más importantes. Las estadísticas demográficas de los desplazados nos obligan a que revisemos los procedimientos actuales de protección para refugiados a fin de adaptarlos mejor a los niños. De la misma forma, a partir de las conclusiones extraídas de la participación de los niños refugiados en el proceso de innovación y de sus ideas para el cambio, es preciso replantearnos nuestras propias percepciones sobre la infancia. Los niños son más que capaces (a su propio ritmo y con su propio estilo) de analizar cómo se hacen las cosas y si existen mejores formas de hacerlas. Como mínimo, a la hora de innovar en programas dirigidos a la infancia, su voz debería tenerse en cuenta en la misma medida que la de los propios innovadores.