Los investigadores, los responsables de la formulación de políticas y los progenitores de todo el mundo son cada vez más conscientes de la importancia crucial del desarrollo infantil en los primeros años de vida.

Las primeras experiencias vitales, en especial la salud física, la interacción con los adultos y los pares, y los programas formales de atención y educación en la primera infancia, se convierten en habilidades cognitivas del niño o niña como el razonamiento, la capacidad de concentración y el lenguaje. Para poder formular programas e intervenciones que ayuden a todos los niños y niñas a alcanzar su potencial de desarrollo es fundamental comprender qué es exactamente el desarrollo infantil y consensuar una forma de medirlo en contextos distintos.

Pese a un interés creciente por el desarrollo infantil en todo el mundo, los datos sobre el desarrollo infantil en los países de ingresos bajos y medianos siguen siendo escasos. Una de las principales razones de esta carencia es que la mayoría de las herramientas de medición que se emplean a escala internacional se han creado en los Estados Unidos o en otros países desarrollados cuya población infantil difícilmente puede considerarse representativa de la situación mundial de la infancia. En consecuencia, tal vez no sea adecuado utilizar este tipo de mediciones en los países en desarrollo. En el mejor de los casos, el empleo de instrumentos de evaluación de dudosa validez podría dar lugar a valoraciones psicométricas deficientes e imposibilitar la estimación precisa de los efectos en el desarrollo infantil de una política o una intervención. En el peor de los casos, podría inducir a los investigadores o a los responsables de la formulación de políticas a realizar comparaciones inexactas entre la infancia de los países desarrollados y la de los países en desarrollo.

“La mayoría de las herramientas de medición que se emplean a escala internacional se han creado en los Estados Unidos o en otros países desarrollados cuya población infantil difícilmente puede considerarse representativa de la situación mundial de la infancia.”

En 2009 se creó el proyecto zambio de desarrollo en la primera infancia con el fin de examinar estas cuestiones. El objetivo de esta iniciativa era diseñar una herramienta (a) que permitiera obtener mediciones del desarrollo infantil referidas a ámbitos múltiples y comparables a escala internacional, (b) que tomara en consideración la cultura local y las diferencias lingüísticas, y (c) que pudiera adaptarse a otros países en desarrollo. Tras una evaluación inicial de la literatura existente, se constituyó en Lusaka un equipo de asesoramiento técnico integrado por miembros de la Universidad de Zambia, la Oficina de UNICEF en Zambia, la Junta de Exámenes y el centro sobre el desarrollo infantil de la Universidad de Harvard. Basándose en la literatura existente se determinaron siete ámbitos fundamentales para la medición del desarrollo infantil: las habilidades motoras, el lenguaje (expresivo y receptivo), el razonamiento no verbal, el tratamiento de la información, la capacidad de ejecución, el desarrollo socio-emocional y la orientación de las tareas. La versión final de esta valoración consistía en pruebas diseñadas en el mundo occidental, pruebas basadas en herramientas comunes muy adaptadas, y diversos métodos de medición diseñados localmente. Esta batería de evaluaciones se administró durante 2010 y 2012 a más de 2.500 niños de 6 años que constituían una muestra representativa del país.

Durante el proceso experimental del proyecto zambio de desarrollo en la primera infancia, el equipo constató que muchas de las pruebas ideadas en occidente eran inadecuadas para el contexto de Zambia. Algunas eran poco pertinentes; por ejemplo, no es muy útil en una prueba de vocabulario pedir a los niños que definan un iglú o un equipo de química. En otras, se examinaban aptitudes que no eran importantes ni adecuadas para los niños zambios. Por ejemplo, en una prueba se les pedía que emplearan tijeras, una herramienta que los niños pequeños zambios en general no utilizan y que no suele haber en los hogares. En otras, se les pedía que interactuaran con estímulos bidimensionales como los dibujos lineales mostrados en un libro. Dado que la mayoría de los niños objeto del estudio del proyecto zambio de desarrollo en la primera infancia vivían en hogares en los que no había libros infantiles y es frecuente que no comiencen la escuela antes de los 7 años, este tipo de actividad era tan novedosa que muchos de ellos no sabían ni cómo reaccionar.

Para abordar este problema, el proyecto zambio de desarrollo en la primera infancia creó una serie de evaluaciones nuevas. Una de ellas es la prueba de reconocimiento de patrones realizados con objetos, una herramienta pensada para valorar la capacidad de razonamiento no verbal de la infancia. El planteamiento de las pruebas de razonamiento no verbal es que los niños reconozcan unos patrones (de imágenes por lo general) y a continuación deduzcan cuál debería ser la siguiente imagen en una secuencia concreta. La principal dificultad que plantean estas pruebas es que si bien muchos niños son perfectamente capaces de reconocer los patrones, no están acostumbrados a verlos en formatos bidimensionales (impresos). La prueba de reconocimiento de patrones realizados con objetos evita este problema empleando patrones realizados con piedras, cuentas, palillos y otros artículos que los niños zambios conocen bien.

A fin de ilustrar la diferencia en las respuestas, en la prueba de reconocimiento de patrones realizados con objetos se tradujeron directamente 10 preguntas tipo hechas sobre papel en secuencias de objetos que seguían la misma lógica. Por ejemplo, si la prueba sobre papel mostraba un patrón de círculo verde, cuadrado rojo, círculo verde, (espacio en blanco), círculo verde, el ítem correspondiente de la prueba realizada con objetos seguiría un patrón de tapón de botella, palillo, tapón de botella, (espacio vacío), tapón de botella. Los gráficos 1 y 2 revelan la gran diferencia empírica que existe entre los resultados de estas tareas. Mientras que más de una tercera parte de los niños obtienen resultados muy deficientes en la prueba bidimensional (>80% incorrecto), en la prueba realizada con objetos sólo un 13% obtienen malos resultados. Sólo el 13 % de los niños obtendrían una buena puntuación (> 50% de aciertos) en la prueba bidimensional, mientras que en la prueba de reconocimiento de patrones realizados con objetos la cifra se triplicaría.

Aunque estos resultados no necesariamente implican que las pruebas de reconocimiento de patrones realizados con objetos sean mejores que las herramientas tradicionales para predecir los resultados escolares y otros resultados posteriores en la vida, las puntuaciones mostradas ilustran de forma inequívoca que la valoración de las habilidades cognitivas de la infancia depende de las herramientas concretas que se empleen. Las pruebas cognitivas basadas en imágenes bidimensionales deberían evitarse en la medida de lo posible, y, si se emplean, deberían interpretarse con cautela. Las herramientas que comportan mayor validez contextual y fiabilidad permiten a los evaluadores de los programas, a los responsables de las políticas y a los investigadores comprender mejor el desarrollo de los niños y su necesidades, lo que a su vez facilita el diseño de intervenciones más eficaces.

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