“Cuando sea mayor, me aseguraré de que mis hijos no tengan que pasar por las experiencias que están viviendo estos niños”.

Eso fue lo que pensé en voz alta mientras caminaba por una senda con mi familia y otras miles de personas que huían de las tropas rebeldes que avanzaban hacia Bo, Sierra Leona, cuando contaba cerca de 11 años.

Desde ambos flancos del camino nos seguían atentamente con la mirada unos niños armados cuya misión era velar por que nadie se adentrara en su granja para quebrar una rama de yuca con la que escarbar los tubérculos. Recuerdo que pensé que aquello sin duda vulneraba la Convención sobre los Derechos del Niño. Tenía la suerte de saber que la infancia goza de unos derechos específicos, porque mi padre trabajó con UNICEF y a mí siempre me gustaba mirar las vistosas publicaciones que traía a casa.

Entre otros jóvenes de toda Sierra Leona y yo formamos la red de foros de la infancia, en colaboración con el Ministerio para los Asuntos de la Infancia y de Género y con organizaciones internacionales, entre ellas Plan y UNICEF. La red de foros de la infancia llevaba a cabo diversas actividades, pero la que más me gustaba era el programa radiofónico semanal en el que se hablaba de los derechos de la infancia con niños que habían vivido el reclutamiento forzoso y con funcionarios del gobierno. Aquella experiencia fue un desafío para mí, porque me di cuenta de que si bien la teoría que respaldaba los derechos sobre los que hablábamos era cabal, en los distintos sectores de la sociedad apenas se hacía nada por proteger los derechos de la infancia. Y los más perjudicados eran los niños y niñas discapacitados.

Antes de dejar Sierra Leona para proseguir mi educación solía pasar mucho tiempo en un campamento para amputados situado en Freetown, donde aprendí sobre sus limitaciones personales y sobre las dificultades de diseño relativas a las prótesis que utilizan. Esta experiencia determinó el rumbo de mi formación académica, de manera que hoy soy ingeniero de biomecatrónica y me dedico a la creación de interfaces protésicas personalizadas y cómodas, usando para ello robustos modelos predictivos del cuerpo humano. En este cometido trasciendo las barreras académicas tradicionales para combinar la obtención de imágenes médicas con el diseño, la fabricación y el modelado. En el Media Lab en el que actualmente curso mi doctorado, a veces nos animan a formular primero la solución y a pensar después en el problema. Es muy habitual que los estudiantes aborden problemas difíciles que a primera vista parecen insuperables; y los abordan no porque posean el grado de especialización que se precisa, sino tan solo porque pueden.

Los jóvenes de Sierra Leona generalmente desconocen este planteamiento para la solución de problemas, y esperan tal vez que una entidad externa resuelva las dificultades que hay en sus comunidades. ¿Por qué? Porque eso es lo que los numerosos rótulos acerca del desarrollo nos inducen a creer. Y si el problema queda sin resolver durante demasiado tiempo, es posible que haya caos, violencia y disparos. Los países en los que los jóvenes conforman una gran parte de la población y enfrentan un alto grado de desempleo presentan una excelente oportunidad para proveerles de herramientas y de plataformas que les permitan convertirse en artífices de soluciones en sus comunidades. Los jóvenes deben ser los creadores de la transformación que conduzca a sus sociedades hacia la prosperidad.

En primer lugar, debemos confiar en que la juventud está “preparada” para abordar problemas importantes. Poseen el entusiasmo, el brío y la creatividad que les permiten contemplar las dificultades desde ópticas distintas. En conjunción con su punto de vista singular y con la orientación por parte de mentores experimentados, esta libertad para crear puede resultar muy potente y hacerles capaces de solucionar pequeñas partes de grandes problemas.

En segundo lugar, es preciso enseñar a los niños y niñas, en las escuelas y los entornos de enseñanza informal, a que cuestionen la situación imperante y a que se sientan capacitados para hacer algo al respecto. Debemos brindarles oportunidades para que aprendan por medio de la experiencia y de actividades prácticas, y necesitan apoyo para establecer unas vías de aprendizaje particulares que les mantengan implicados en la vida cívica, no simplemente amontonados en un recinto escolar.

En tercer lugar, debemos tener en cuenta que las aptitudes que se precisan para el crecimiento y la competitividad en el mundo cambian de continuo. Hoy día, la autoconfianza, la empatía y el pensamiento crítico son tan importantes como la lectura, la escritura y las habilidades numéricas.

Existen numerosas organizaciones e iniciativas que abordan diversos aspectos referidos a la participación de la infancia y la juventud como agentes de la solución a los problemas más que como problemas en sí mismos. Una de ellas es nuestra organización, Global Minimum Inc, cuya misión consiste en promover una generación de jóvenes creadores y estudiantes que solucionen los problemas que afectan a sus comunidades. Más de 10 años después de dejar aquella espesura en la que soñaba en otro mundo para mis propios hijos, tengo la certeza de que hoy vamos por el buen camino. Una vez que activemos y reforcemos la capacidad de la juventud para solucionar problemas, países como Sierra Leona, en los que hay grandes poblaciones de jóvenes, tendrán acceso a una plétora de oportunidades de crecimiento.