“Crowdsourcing”, la práctica de solicitar ideas de grandes grupos de personas, es una forma rápida, incluyente y eficaz que el personal de asistencia humanitaria puede utilizar para recopilar información en el período inmediatamente posterior a un desastre.

Consideremos el ejemplo de Ushahidi, un programa informático de código abierto que se utiliza para recopilar información de la población local y presentarlo en forma de mapas interactivos. Creado por un grupo de jóvenes africanos durante la crisis de 2007 después de las elecciones en Kenya, Ushahidi ha sido utilizado en otras partes, con resultados diferentes.

Cuando se usó Ushahidi en Haití tras el terremoto de 2010, resultó eficaz para obtener información sobre las necesidades de las comunidades afectadas, a pesar de los problemas para verificar la exactitud de la información recopilada de los grupos. En un entorno mayoritariamente urbano, donde las redes de comunicación se repararon rápidamente y los teléfonos móviles eran el principal medio de comunicación para los supervivientes, la gente de las comunidades afectadas proporcionó información como testigos presenciales a través del servicio de mensajes cortos (SMS) y los medios de comunicación social. Un equipo internacional de voluntarios recopiló la información, que se desplegó en tiempo real en un mapa en línea al que cualquier persona podía acceder, incluidos los participantes.

Sin embargo, cuando se utilizó el programa en la República Democrática del Congo, en 2008, para levantar mapas sobre los incidentes de violencia contra las personas que habían sido desalojadas de sus hogares, la población local no lo adoptó. Los problemas incluían la falta de acceso a la tecnología en las zonas remotas, las barreras lingüísticas y las preocupaciones de seguridad. La probabilidad de que se produjeran informaciones falsas y casos de corrupción estuvo agravada por el desafío que suponía contrastar la veracidad de los informes de los testigos presenciales en regiones sin redes que dispusieran de fuentes de confianza.

Cuando el acceso a la tecnología está sesgado por la riqueza u otras manifestaciones de poder, el “crowdsourcing” reflejará las desigualdades existentes, e incluso puede magnificarlas. Por ejemplo, una encuesta de Gallup realizada entre los usuarios de teléfonos móviles de 28 países de África subsahariana en 2013 encontró que había menos propietarios de teléfonos móviles en las zonas rurales y entre los hogares pobres. Esto significa que las necesidades de las familias pobres y las poblaciones rurales tienden a quedar fuera de la información obtenida mediante el “crowdsourcing”, ya que los informes realizados a través de SMS reflejan solamente las necesidades de quienes son dueños de teléfonos móviles.

También puede ser difícil distinguir entre la información útil y los datos falsos o irrelevantes. Esto puede ser un problema especial cuando llega mucha información durante un corto período de tiempo, como sucedió después del terremoto de 2010 en Chile, cuando se enviaron en el espacio de una hora 7.000 tweets con información sobre el suceso.

Hay algoritmos que destilan la información fidedigna de esta avalancha de datos, y pueden ser eficaces para ayudar a los participantes a dar sentido a una gran cantidad de información en un corto periodo de tiempo. Aun así, sigue siendo difícil reaccionar rápidamente en caso de emergencia sólo en base a la información obtenida mediante el “crowdsourcing”. El “crowdsourcing” puede contribuir a crear conciencia sobre una situación, entre otras cosas al convertirse en un barómetro de la opinión pública y un medio adicional de corroborar los hechos y completar las lagunas en los informes existentes. Pero las formas ensayadas y demostradas para recopilar información, tales como la coordinación con las autoridades gubernamentales y las consultas con las partes interesadas, siguen siendo esenciales para cualquier intento de responder a una emergencia.