Las enfermedades que se pueden evitar con la vacunación, como la poliomielitis, el sarampión y el tétanos, provocan cada año la muerte de cientos de miles de niños menores de cinco años.

Si a ello se le suma los niños que podrían salvarse de las enfermedades contra las que actualmente se elaboran vacunas, tenemos una idea más clara del enorme potencial de las mismas. Tradicionalmente, se consideraba que la investigación y el desarrollo de las vacunas no eran tan redituables como la investigación y el desarrollo de los medicamentos, ya que la mayoría de las vacunas del mundo se administran mediante programas gubernamentales gratuitos. Por esa razón, para mediados del decenio de 1990 se realizaba poco trabajo de investigación y desarrollo de nuevas vacunas. La necesidad de garantizar que aún en esas circunstancias se descubrieran nuevas vacunas dio lugar a nuevas formas de colaboración.

Muchas de esas nuevas formas de cooperación fueron alianzas que combinaron los fondos del sector público con la pericia y los conocimientos especializados del sector privado, a fin de posibilitar la investigación de nuevas vacunas y el desarrollo de mecanismos más eficaces de distribución y aplicación de las ya existentes. Entre los ejemplos de tales alianzas figuran las que se concentran en el desarrollo de productos, como la Iniciativa por una vacuna contra el paludismo (MVI) de PATH, el Programa de tecnología apropiada para los servicios de salud, o las que se concentran en cuestiones sanitarias, como la Alianza Mundial para el Fomento de la Vacunación y la Inmunización (GAVI).

MVI y otras alianzas para el desarrollo de productos colaboran integrando investigadores de todo el mundo (y combinando con frecuencia la experiencia y los conocimientos de los sectores público y privado), a fin de que busquen nuevas combinaciones de elementos químicos y otros ingredientes para lograr vacunas más eficaces o de duración más prolongada, y establezcan nuevos mecanismos de distribución. Por ejemplo, eliminando la necesidad de contar con sistemas de almacenamiento en frío, que con frecuencia no son confiables o no existen en ciertas partes del mundo en desarrollo. En colaboración con la empresa farmacéutica GlaxoSmithKline, MVI se encuentra en la última etapa del desarrollo de la primera vacuna contra el paludismo. La Alianza GAVI reúne a proveedores de fondos y organizaciones dedicadas a las cuestiones de la salud pública con el objetivo de mejorar y aumentar la adquisición de vacunas contra las enfermedades infantiles e incrementar su suministro a las poblaciones más distantes y apartadas del mundo. Por medio de innovadores mecanismos financieros, la Alianza también incentiva a las compañías farmacéuticas para que produzcan en grandes cantidades las vacunas ya existentes o de la próxima generación.

“Disponer de una vacuna que proteja a los niños de determinada enfermedad no implica necesariamente que se vaya a eliminar esa enfermedad.”

La Alianza GAVI constituye una colaboración de “segunda generación”. Esta asociación, que se estableció en 2000, poco después de la aparición de las alianzas para el desarrollo de productos de “primera generación”, no desarrolla ningún producto por ella misma, sino que cumple funciones de facilitadora, empleando para ello mecanismos basados en incentivos financieros. Por otro lado, las alianzas para el desarrollo de productos han funcionado tradicionalmente como distribuidoras o integradoras de conocimientos, dando respaldo al desarrollo de nuevas vacunas de manera mucho más directa y práctica. Las alianzas para el desarrollo de productos reúnen a diversos actores que aportan su experiencia, sus conocimientos y sus aptitudes individuales. Otras alianzas funcionan más bien como integradoras, “importando” conocimientos, asimilándolos y modificándolos con el propósito de que la comunidad científica en general pueda emplearlos de manera más eficaz.

Uno de los elementos fundamentales que comparten ambas generaciones de alianzas de colaboración (las alianzas para el desarrollo de productos y las más recientes alianzas facilitadoras) es el objetivo de aliviar los problemas sanitarios de los sectores más pobres de la sociedad. Debido a que se trata de alianzas que funcionan como “tecnologías sociales” pueden hacer llegar más medicamentos y vacunas a los sectores más vulnerables de los países en desarrollo que las compañías farmacéuticas privadas que fabrican esos productos.

Las tecnologías sociales son las importantes estructuras organizativas e institucionales que sostienen el desarrollo de la tecnología física. Se trata de un concepto útil por dos razones. En primer lugar, reconoce que las tecnologías físicas (en este caso, las vacunas que previenen las enfermedades que afectan a los niños) dependen de un conjunto más amplio de factores culturales, económicos, políticos y sociales que determinan si las tecnologías físicas serán desarrolladas, implementadas y empleadas, y de qué maneras. En segundo lugar, el concepto de las tecnologías sociales nos recuerda que no sólo debemos concentrarnos en el diseño, el desarrollo y la aplicación de las tecnologías físicas (como las vacunas nuevas o ya existentes) sino también en las cuestiones institucionales y organizativas inherentes a esos procesos.

Disponer de una vacuna que proteja a los niños de determinada enfermedad no implica necesariamente que se vaya a eliminar esa enfermedad. Las dificultades para eliminar la poliomielitis a nivel mundial son un ejemplo de lo importante que resulta tener en cuenta los factores más amplios que están en juego. Mediante las campañas masivas de inmunización contra la poliomielitis ha sido posible erradicar esa enfermedad en la mayoría de los países del mundo. Pero lamentablemente, la poliomielitis aún tiene carácter endémico en el Afganistán, Nigeria y el Pakistán. En esos países, las campañas de vacunación se han visto dificultadas por factores culturales y políticos. En algunos lugares, por ejemplo, las madres y los padres no permiten la inmunización de sus hijos, mientras que en otros ha resultado extremadamente peligroso llevar a cabo campañas de inmunización.

La consideración de los aspectos institucionales y organizativos inherentes al diseño, el desarrollo y la aplicación de las vacunas por parte de los investigadores y dirigentes políticos también hace posible que estos presten atención a una consecuencia indirecta de las actividades de las alianzas para el desarrollo de las vacunas. Se trata de una consecuencia a la que, pese a su importancia, se suele pasar por alto. Ese efecto al que a veces no se presta suficiente atención es la creación de la capacidad científica y de investigación en los países en desarrollo. Esa capacidad es importante debido a que da lugar a largo plazo a la posibilidad de que los países en desarrollo realicen sus propias investigaciones sobre los problemas que afectan a sus pobladores.

Pese a que ese proceso comienza generalmente con la creación de capacidad de investigación clínica relacionada con el desarrollo de vacunas, también da lugar a la capacitación de nuevas generaciones de científicos, investigadores clínicos, técnicos de laboratorio y personal auxiliar (enfermeras, asesores y educadores inter pares) que, con el correr del tiempo, obtienen sus propios subsidios y becas de investigación y trabajan en proyectos nuevos y diferentes. Esa capacidad tiene una importancia fundamental para el crecimiento económico y el desarrollo incluyente, hasta en los países menos adelantados. Asimismo, esa capacidad hace posible que los investigadores y científicos establezcan cuáles son las tecnologías físicas y sociales necesarias para proteger la salud de los niños en ámbitos económicos más estables.