La innovación debe seguir ajustando los procedimientos y modelos institucionales existentes: necesitamos una innovación rupturista que transforme la relación entre las organizaciones de ayuda y aquellos a quienes intentan servir.

Gracias a los esfuerzos pioneros de una red mundial de organizaciones e individuos inspiradores, muchos de los cuales están contribuyendo al informe Estado Mundial de la Infancia de este año, la innovación se ha convertido en un tema popular en el trabajo humanitario y de desarrollo.

¿Pero se está innovando lo suficiente? Los cínicos consideran la innovación como poco más que una imagen de marca y un despliegue publicitario, mientras que los optimistas la consideran como el camino hacia transformaciones fundamentales en la cooperación internacional. La respuesta, como siempre, probablemente se sitúe en un punto intermedio. Sin embargo, estoy seguro que si cambiásemos la forma en que pensamos acerca de la innovación en las actividades humanitarias y de desarrollo, podríamos asegurarnos de que consiga alcanzar su potencial transformador.

Si la innovación en las actividades humanitarias y de desarrollo ha de lograr sus ambiciones más radicales, las organizaciones internacionales deben utilizar como ejemplo el trabajo de los principales pensadores en la cuestión de la innovación y de los profesionales del sector privado. En lugar de utilizar la innovación para hacer mejoras progresivas dentro de los “procedimientos operacionales uniformes” y los modelos de negocio existentes, deberíamos intentar maximizar su potencial transformador.

“La clave de estas innovaciones transformadoras es la forma en que abren un abanico de posibilidades a poblaciones enteras de nuevos usuarios que anteriormente carecían de acceso a determinados mercados.”

Clayton Christensen, de la Harvard Business School, es uno de los más influyentes pensadores de negocios mundiales de la última década. Su concepto de “innovación rupturista” describe la forma en que un producto o servicio echa raíces a través de aplicaciones simples y de bajo costo en el extremo inferior de un mercado y luego pasa a desplazar a los competidores establecidos. La clave de estas innovaciones transformadoras es la forma en que abren un abanico de posibilidades a poblaciones enteras de nuevos usuarios que anteriormente carecían de acceso a determinados mercados. Hay ejemplos bien conocidos y ampliamente citados que incluyen el crecimiento del automóvil en América en el siglo XX, el auge de las computadoras personales a partir de las primeras computadoras industriales de la década de 1950, y la más notable y reciente extensión de los teléfonos móviles por todo el mundo. Estas innovaciones rupturistas eran más rápidas, fáciles y baratas que sus predecesoras, y facilitaron que un número mayor de consumidores tuviera más acceso a más productos o servicios, transformando por tanto industrias enteras.

Con solo repasar tres de las inspiradoras historias compartidas por mis compañeros que escriben en la edición de Estado Mundial de la Infancia de este año, se puede ver el poder que tienen estas innovaciones rupturistas en la cooperación internacional.

Steve Collins, de Nutrición VÁLIDA, escribe acerca de cómo el manejo comunitario de los alimentos listos para su consumo ha revolucionado el tratamiento de la desnutrición aguda. La clave era habilitar a los padres para que cuidasen a sus propios hijos como pacientes ambulatorios en lugar de depender del modelo dominante de la tienda de campaña para la alimentación terapéutica hospitalaria, que en muchos entornos resultó ser costosa, exclusiva y de alto riesgo. En muchos entornos, los alimentos listos para su consumo han resultado ser más baratos, más eficaces y más fortalecedores.

Dar dinero en efectivo a las personas pobres en lugar de darles bienes y servicios es otro gran ejemplo de una innovación rupturista. El elemento esencial de las transferencias en efectivo es esa misma noción de habilitar a las familias y comunidades pobres para que dirijan su propio desarrollo, confiando en ellos para que tomen decisiones responsables e informadas sobre sus vidas. Como demuestra Karen Macours, del Laboratorio de Acción contra la Pobreza de Abdul Latif Jameel, si las transferencias en efectivo condicionadas están bien diseñadas pueden tener beneficios duraderos para las familias cuyos niños inicialmente estaban en alto riesgo de abandonar la escuela. La evaluación rigurosa demuestra beneficios sostenidos en el desarrollo cognoscitivo, el rendimiento escolar y los resultados de aprendizaje.

Por último, pero no por ello menos importante, está el brillante Desarrollo Khazana del Niño (CDK), una singular estrategia cooperativa de ahorro y crédito que enseña principios bancarios y cooperativos para niños de entre 9 y 18 años. La base de la CDK, que comenzó en la India en 2001, consiste en brindar estos servicios a poblaciones rurales o urbanas que están en la pobreza y a los niños trabajadores o que viven en la calle. CDK tiene que ver con el empoderamiento y la participación: los niños manejan y promueven grupos, votan, trabajan juntos y adquieren aptitudes inestimables para la vida. CDK ahora opera 149 sucursales en seis países.

Creo que estas son las innovaciones que más se merecen dicho término. Todas son rupturistas, todas transforman relaciones y todas logran resultados significativos. Y también contienen algunos importantes mensajes comunes para las organizaciones humanitarias y de desarrollo que buscan innovar.

En primer lugar, las innovaciones progresivas diseñadas de manera descendente pueden ser útiles para el mantenimiento de los actuales modelos institucionales y para lograr mejoras graduales en la eficiencia y la eficacia. Estas mejoras son esenciales en muchos contextos, pero también tenemos que mantener nuestros ojos y mentes abiertos a las innovaciones más desafiantes que surgen a nivel popular, y encontrar la manera de integrarlas.

En segundo lugar, mientras que hemos hablado mucho de ideas de participación, hay pocas organizaciones internacionales que sinceramente y de forma uniforme se adhieran a sus principios. La participación se ha convertido en algo que no está mal tener, en vez de en algo que es necesario tener. Un objetivo central de “Innovando para los Niños” debe ser recordarles a esas personas fatigadas y cínicas que están entre nosotros, que las nociones como la participación y el empoderamiento no son meras sutilezas. Si se hace bien, la participación no sólo puede servir de base de lo que hacemos, sino transformar también la manera en que lo hacemos, y hacerlo de manera que aporte beneficios considerables a quienes pretendemos servir.

Por último, y quizá lo más importante, cuando nos fijamos en las innovaciones rupturistas como las antes mencionadas, queda claro que la innovación es mucho más que una imagen de marca y un despliegue publicitario que ha de ser descartada como la última moda pasajera en la labro de desarrollo. En su forma más eficaz, más desafiante y más rupturista, la innovación puede ser el origen de un cambio positivo y transformador en la vida y el sustento de las personas pobres y vulnerables. Si se hace bien, la innovación está en el centro mismo del desarrollo.