Un día, cuando tenía 4 años, mi abuelo me llevó a su caseta del jardín, me dio un martillo y comenzó a enseñarme cómo hacer juguetes a partir de materiales desechados.

Yo estaba encantada de poder darle nuevos usos a los objetos descartados, y fue ahí donde nació mi interés de por vida en el diseño sostenible.

A partir de la escuela secundaria comencé a ganar premios nacionales por mis proyectos de diseño. Mi abuelo me volvió a inspirar, esta vez para inventar un dispensador de pasta de dientes para él y para otras personas que sufren de artritis y tienen dificultades para exprimir un tubo. Mi diseño incorporó palancas para cambiar el acto de exprimir por uno de empujar, un diseño que se puede utilizar para cualquier cosa que venga en un tubo, no sólo la pasta de dientes. Los premios sirvieron como un gran incentivo para seguir adelante, pero el ver cómo mi abuelo utilizaba mi dispensador fue lo que mayor satisfacción me dio. Simplemente quería hacer productos sencillos que pudieran ayudar a la gente.

“Como inventora, mi sueño era ver a la gente beneficiarse de mi producto.”

Así que asumí el reto de hacer que fuera más productivo el trayecto que realizan las mujeres y los niños africanos que caminan kilómetros cada día para recoger agua utilizando solamente uno o dos bidones. Diseñé un portador de agua que facilitara el trayecto y les permitiera transportar hasta cinco recipientes de agua a la vez. El portador de agua también se podría adaptar para llevar leña u otras cargas pesadas o incómodas. Mi portador también redujo el riesgo de daños en el cuello o la espalda por transportar el agua sobre la cabeza o utilizar un yugo. Dado que las mujeres sufrían dolor y problemas de espalda, necesitaban que sus hijos les ayudasen o que, en su lugar, llevasen ellos a cabo estas duras tareas. Es particularmente gratificante que mi portador esté diseñado para que sea posible fabricarlo en África, por lo que puede ayudar a crear puestos de trabajo al mismo tiempo que facilita que los niños asistan a la escuela y mejora la calidad de vida de las personas.

Un dispositivo de transporte de agua con ruedas, de tipo escalera, hace que sea más fácil transportar varios contenedores a la vez.
Un portador de agua permite el transporte de un máximo de cinco contenedores de agua a la vez. | FOTO CORTESÍA DEL AUTOR

En mi último año en la escuela, diseñé un refrigerador sostenible “alimentado” por agua sucia. El diseño es ideal para su uso en el mundo en desarrollo, ya que no requiere electricidad y se puede construir utilizando barriles, piezas de automóviles de repuesto y materiales domésticos. Mi diseño consiste en dos cilindros, uno dentro del otro, entre los cuales se prensa un material de origen local, como la arena o lana, antes de sumergirlo en agua. Cuando el refrigerador se coloca en un ambiente cálido, la energía del sol hace que la parte exterior del refrigerador empiece a “sudar”. El agua se evapora y la energía térmica se transfiere a partir del cilindro interior, que por lo tanto se enfría.

Mi refrigerador no es el primero en aplicar este principio, pero tiene una gran ventaja sobre el actual refrigerador compuesto de dos ollas de barro, en el que los productos almacenados entran en contacto con el agua. Esto significa que habría que utilizar agua potable –desperdiciando por tanto agua que debe ser utilizada por personas sedientas– y debido a que los materiales del refrigerador se humedecen, sólo es apto para frutas, verduras y cosas guardadas en recipientes herméticos. Por el contrario, mi refrigerador se alimenta con agua sucia: por lo tanto, se conserva el agua potable y como mi refrigerador es higiénico y permanece seco, también se puede almacenar carne y medicinas.

Perfeccioné mi refrigerador durante el tiempo que pasé en la universidad, y distribuí los planes de diseño en los municipios de todo el sur de África, porque quería ofrecer al mayor número de personas posible la oportunidad de poder construir sus propios refrigeradores. Las mujeres en los municipios ahora producen refrigeradores con materiales descartados. Esto no sólo proporciona refrigeración barata y sostenible en lugares donde antes no era posible, sino que también crea puestos de trabajo, potenciando a las mujeres para que se mantengan a sí mismas y a sus familias.

Algunas personas cuestionan mi decisión de mantener mis diseños abiertos para todos y de distribuir los planos de forma gratuita, pero yo pienso que es lo adecuado. Mis productos nunca habrían marcado una diferencia si hubiera decidido tomar el camino egoísta de intentar ganar tanto dinero como fuese posible. Como inventora, mi sueño era ver a la gente beneficiarse de mi producto, y hoy siento que he logrado lo que me propuse hacer.

Mi pensamiento creativo surgió de mi abuelo, y me siento muy afortunada de haber tenido la oportunidad de experimentar y explorar. Soy consciente de que no todo el mundo tiene un abuelo Pete. Sin embargo, no quiero que eso sea un obstáculo y me gustaría animar al mayor número posible de jóvenes a que pongan en práctica su talento y su pasión, y los utilicen para marcar una diferencia. Cuando era joven, fui capaz de salvar y cambiar vidas con un proyecto de la escuela. Así que ahora he adoptado un desafío distinto: trabajar con los estudiantes, maestros y el gobierno para asegurarme de que otros jóvenes sepan que pueden cambiar el mundo, y ayudar a crear oportunidades para que lo logren.