En enero de 2014 me aventuré por senda oscura de las personas con discapacidad visual, después de que llegara por correo el folleto de una organización benéfica pidiendo a mis padres una donación. A partir de entonces emprendí mi viaje al mundo de las tinieblas, con la esperanza de llevarles la luz a las personas con discapacidad visual.

Yo no padezco discapacidad visual; soy un estudiante de tercer grado de Santa Clara, California, tengo 13 años y gozo de buena visión. Ya había conocido y tratado antes a invidentes pero esta vez mi curiosidad fue más allá. Pregunté a mis padres cómo se las arreglaban las personas ciegas para leer o escribir. Ellos, invitándome a que siguiera el ritual tecnológico de búsqueda y aprendizaje utilizado por todos nosotros hoy en día, me dijeron: “búscalo en Google”.

Una noche, antes de irme a la cama, busqué en internet artículos sobre el Braille y sus variantes. Según la Organización Mundial de la Salud, en el mundo había aproximadamente 285 millones de personas visualmente discapacitadas y alrededor del 90% viven en países en vías de desarrollo. Me enteré de que las impresoras y estampadoras Braille son muy caras, con precios mínimos de 2.000 dólares o más altos, y que muchos millones de personas de todo el mundo tienen un acceso limitado a ellas. Según un artículo del New York Times de 2009, el número de personas educadas con el sistema Braille en Estados Unidos ha descendido en los últimos años. En ese país, menos del 10% de los 1,3 millones de personas oficialmente ciegas conocen el Braille.

Llegué a la conclusión de que si una impresora y estampadora normal de Braille cuesta más de 2.000 dólares, los centros de enseñanza y los padres no iban a poder permitirse adquirir el dispositivo. De modo que la educación con el método Braille sufrirá las consecuencias y con el tiempo desaparecerá. La otra alternativa son los programas de conversión de texto en voz. Pero, de nuevo, esta tecnología es para unos pocos privilegiados. Las tecnologías de apoyo ya existentes son demasiado caras o son difíciles de obtener para el común de los mortales sin una financiación del gobierno o de una organización no lucrativa. Los avances tecnológicos deberían ayudar a la humanidad y no convertirse en algo gravoso por su coste.

De manera que, en enero de 2014, con la feria de ciencias de mi escuela a la vuelta de la esquina, pensé que quizá podía tratar de construir una impresora y estampadora. Recibí por parte de mi escuela y de mis padres todo tipo de ayuda para trabajar en el proyecto. Si no lo intentaba, no podría saber si lo lograría o si fracasaría. El éxito de mi proyecto se apoyaba en la posibilidad de reducir el coste de una impresora a menos de 500 dólares. Si podía construir un prototipo funcional alrededor de ese precio, reduciría el coste hasta un 75%.

Mi afición a los juegos de LEGO me hizo confiar en esta empresa, ya que sabía que había puesto a la venta unos nuevos kit robóticos llamados LEGO Mindstorms EV3. Como mis padres siempre fueron partidarios de que tuviera juguetes educativos, me fue fácil conseguir que me dieran los 349 dólares que costaba. Todos los días, después de acabar mis deberes y de cenar, me sentaba a desarrollar mi prototipo. A veces estaba despierto hasta las 2 de la madrugada. Mi padre siempre se quedaba conmigo, haciéndome compañía en la mesa de la cocina mientras él hacía trabajo de oficina en su ordenador. Utilicé métodos de prototipo rápido, donde construí siete modelos diferentes antes de decidirme por uno definitivo que pudiera imprimir los seis puntos en una secuencia deseada según los estándares del grado 1 de Braille. Después, programé las letras de la A la Z. Mientras desarrollaba la impresora, siempre cerraba los ojos y usaba los dedos para sentir el relieve de los puntos sobre el papel.

Validé BRAIGO v1.0 (el nombre es una combinación de Braille y LEGO) en el Centro para Ciegos Santa Clara Valley en San José, y también con Henry “Hoby” Wedler en su laboratorio de la Universidad de California, Davis. Wedler, ciego de nacimiento, está ahora terminando su doctorado en química.

Empecé a recibir respuestas muy positivas de las personas con discapacidad visual y de los padres de las niñas y los niños ciegos. Yo diría que el primer prototipo de la prueba de concepto ha sido un éxito. Seguí las instrucciones de construcción y una programación de código abierto que ofrecerán una solución de bajo coste para la comunidad con discapacidad visual. Al final conseguí reducir el gasto un 82%.

“Las tecnologías de apoyo ya existentes son demasiado caras o son difíciles de obtener para el común de los mortales sin una financiación del gobierno o de una organización no lucrativa.”

Inmediatamente después empecé a trabajar en mi Braigo v2.0, un producto orientado al consumidor y que esté al alcance de todo el mundo. Dibujé un montón de bocetos del diseño y de cómo debería funcionar basándome en las diferentes reacciones recibidas con Braigo v1.0. En mis vacaciones de verano, en junio y julio de 2014, necesité un monoprocesador con conectividad y baja potencia para hacer mi siguiente prototipo. Me integré en el programa de desarrolladores de Beta con Intel para su nuevo chip llamado “Edison”. Me hice socio de la Techshop en San José para aprender a diseñar herramientas, trabajé con otras personas para lograr piezas mecánicas impresas en 3D y también colaboré con un maquinista para diseñar nuevos cabezales y ensamblaje de Braille. El 9 de septiembre de 2014 hice una demostración del prototipo Braigo v2.0 en el Foro de Desarrolladores Intel de San Francisco. Cuando salga al mercado, esta nueva versión, con una nueva tecnología pendiente de patente, promete ser la impresora y estampadora Braille conectada más ligera y silenciosa, y posiblemente la más barata.

Conforme procedía a construir y mejorar BRAIGO, mi vida se adentró en las tinieblas y pude sentir cómo vive día a día una persona con discapacidad visual. Es difícil conceptualizar esta vida para quienes pueden ver; solo cuando trabajas en un proyecto como este puedes empezar a sentirlo. Me alegro de haber llevado a cabo el desarrollo de una impresora Braille de bajo coste, a pesar de los innumerables retos técnicos. Ha sido una gran experiencia y espero colocar el producto en el mercado a través de mi compañía Braigo Labs Inc. Al fin y al cabo, empecé un viaje para beneficiar a las personas con discapacidad visual. Este viaje continúa paso a paso.